¿Qué hace ese hombre bestia? Le quita la ropa con brutalidad, su respiración se acelera, se siente su jadeo al respirar. ¿Quién es aquel que está siendo desnudado? ¡Es otro hombre! Al parecer eran ciertos los rumores. Trataré de que no me escuchen mientras sigo observando desde el otro lado del río. El hombre bestia que está encima del otro es muy grande, su cabello es largo y desordenado. Oigo gritos, no logro ver bien desde acá, no puedo creer lo que está sucediendo. Después de todo sí era verdad todo lo que escuché en el pueblo. El gran hombre lo está desgarrando con sus manos, debe tener algún objeto, una piedra o cuchillo quizás. Pero su víctima sigue luchando. Ahora me acerco. Encuentro unas piedras sobresalidas del río. El miedo extrañamente no me detiene, al contrario, me anima a seguir. Cruzo el río. Al parecer la bestia sigue con su macabra labor. Primero las entrañas, luego el corazón, ahora la cabeza. Encuentra una piedra, logra abrir el cráneo de un solo golpe. ¿Por qué no siento pena? Al contrario, lo disfruto. La bestia solo quiere saciar su hambre. Después de todo se lo merecía, aquel que abusa de otro inocente ser merece morir de la manera más cruel. Hernán murió desollado por la bestia después de haber abusado de un niño, un inocente niño que confió en él cuando buscaba amistad. Yo llevé a Hernán a la selva a ser devorado por la bestia. Este ser hambriento disfruta de su presa y me mira como invitándome a la cena. Quizás siente empatía por mí. El niño que fue abusado está satisfecho, aunque ya haya cumplido 35 años, los que tengo yo.

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