lunes, 6 de noviembre de 2017

El adiós

Ahí está él, mi ángel blanco, frente a mí, diciendo cada palabra que una vez me juró nunca decir; está pronunciando sonidos que cada vez son más difíciles de entender para mí. Son sonidos distorsionados, hieren mis oídos y calan hasta lo más profundo de mi ser. Me hiere y disfruta sádicamente del espectáculo. Todos quienes me dijeron que mi ángel luminoso sólo me nublaba la vista empiezan a aparecer en mi mente, pero ¿Qué sabían ellos del verdadero sentir del ángel mío? Siento dolor, el sonido ininteligible que él produce no me deja distinguir la realidad de la fantasía. Lo veo frente a mí, tiene una daga en la mano ¿Entonces lo que mi ángel quiere es terminar con mi vida de esta manera? ¿Fue mi «ángel» realmente un ser de amor? Este ente ahora me está clavando la daga en mi pecho. Caigo al piso y sólo siento un líquido tibio sobre mi pecho y al minuto siguiente siento frío. Mis oídos también sangran pero el dolor de su ausencia al verlo caminando con dirección a la puerta me hiere más. Me aferro a una de sus piernas para que no me deje. Temo morir sola pero al quedarse solo produce más dolor, siento que me faltan las fuerzas. El aura blanca que lo rodeaba y que me producía paz ahora se está tornando negra. Entonces comprendo que este ser nunca fue un ángel sino un ser oscuro. Me alejó de lo que más quería y ahora que estoy sangrando lo veo en realidad. Mientras más se aleja, más claridad tengo en mi alma. El ente oscuro se fue, me dejó sangrando, el sonido ensordecedor se apagó y volvió la paz. Adiós.

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