Se acerca, ven, ven, así... más rápido. ¿Quieres conocerme? ¿quieres conocernos? Ven. Aquí estamos.
Ustedes, los "sintientes", no saben lo que "sentimos" nosotras, la sensación del vació, la nada en medio de todo, no saben lo que vemos cada día acá. Todo va y viene, termina y empieza en la mismo lugar donde empezó. Es un ciclo mortal, una prisión eterna. ¿Puedes sacarnos de acá?
Ahí viene distante, aquel hombre sin sombra; ahí viene y muy lentamente se acerca. Su apariencia me alerta, me incomoda. Sus bordes puntiagudos y oscuros me dicen que no es de este mundo. Mis ojos se vuelven inmóviles. Me arden. Quiero gritar y no puedo articular palabra. Mi lengua no logra moverse. ¡Maldición! Nunca antes había sentido tanto terror como el que estoy sintiendo. ¿Por qué tuve que venir a este lugar maldito? Ahora recuerdo. Nunca vine, ¡me trajeron! ¡Auxilio! es lo que quiero gritar, sin embargo, no hay sonido alguno que produzca mis labios. El hombre se acerca, está frente a mí, respira en mi cuello. Y todavía no puedo hacer movimiento alguno. Solo mi corazón que retumba con violencia. Lo oigo, quiero escapar o morir, ya no importa. Sus ojos profundos me atormentan. Ahora está encima de mí. ¿Será este mi último día de existencia? Apuesto que quiere asesinarme con sus heladas manos. Lo siento en mi cuello, ahora en mi estómago, sus manos son espinosas y heladas. Tengo frío, ya no tengo fuerzas... -LC